Érase una vez un príncipe que se quería casar con una
princesa de un reino vecino, que era muy bella y muy buena…
El príncipe Eduardo y
la princesa Ana, eran muy amigos desde pequeños ya que sus familias se reunían
en las numerosas fiestas del reino que organizaban.
Durante la celebración del vigésimo cumpleaños del príncipe
Eduardo, hubo una visita inesperada, ya que
la princesa Ana a la que no había visto durante años apareció en la
fiesta, quedando admirado de su belleza.
Pero la madre de Eduardo, Amelia no quería que se fijara en
ella, ya que la madre ya tenia una candidata que era muy conocida por querer a
todos los jóvenes príncipes.
Pero en esa noche Eduardo no
tenias mas ojos que para Ana y esa misma noche durante el final de la
fiesta ella se aceró a Eduardo dándole sus felicitaciones y a partir de ahí empezaron a recordar cuando
eran pequeños y día tras día fueron quedando para andar por los jardines de ambos
reinos.
Y después de muchos días juntos y paseos por los alrededores,
el príncipe revivió sus sentimientos hacia ella, y se enamoraron. Ya que el príncipe
Eduardo siempre la había querido.
Al tiempo se casaron y en la ceremonia había mucha gente de
todos los reinos que había tanto en los alrededores como los más lejanos, la
gente disfruto mucho, bailaron, comieron y se divirtieron mucho durante todo el
día y la noche.
Y finalmente vivieron felices y contentos en el reino de la
montaña.
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